Iba a ser nuestra última campaña en el Valle. Habíamos excavado allí durante seis campañas completas y cada una de ellas había terminado en nada; trabajamos durante meses al máximo esfuerzo sin encontrar nada y sólo un excavador sabe lo desesperado y deprimente que esto puede ser. Ya casi nos habíamos convencido de nuestra derrota y nos preparábamos para dejar el Valle y probar suerte en otro lugar.

|Diario de Howard Carter

Valle de los Reyes
Descubrimiento de la Tumba

4 de noviembre de 1922 (unas horas antes del alba)
Aún no ha amanecido, pero como cada día, ya estoy en el camino de vuelta, a lomos de mi burrico, con el cargamento de agua fresca. Sólo me es posible cargar con dos tinajas, lo que hace que tenga que realizar, al menos, otra carga más a lo largo del día, siendo ésta la más dura, debido a las altas temperaturas que a esas horas asolan el valle.

Al llegar a la zona de descarga y avituallamiento, escarbo con mis manos la arena, para así poder acomodar mejor, en el suelo, el culo redondeado de mis vasijas. La primera ya está en el suelo, ha sido rápido, la experiencia ayuda bastante. Vuelvo a por la segunda y última. Aún no me había girado para ir al siguiente costado de mi burro, cuando oigo un golpe sordo amortiguado por la arena. Al mirar compruebo lleno de dolor que la vasija ha volcado, derramando y perdiendo parte de su preciada carga. Apresuradamente, me dirijo a ella para levantarla. Al hacerlo, me fijo que en el lugar donde la había acomodado antes, sobresale una pequeña piedra. Esta vez y con más empeño que en la anterior vez, intento despejar los costados de alrededor para poder quitarla. Conforme voy despejando la zona, compruebo atónito que se trata del saliente de un escalón enterrado y no de una simple piedra. Sin vacilar, suelto la tinaja y me dirijo corriendo a informar al capataz de mi hallazgo.

Mi nombre es Husein Abdel Rasul y a mis 10 años, soy el aguador oficial de la misión del Sr. Carter, en el Valle de los Reyes.

Husein Andel Rasul, retrato de 1925, luciendo el collar con un escarabajo y cobras que fue hallado en la cámara de Tutankamóm | ©Harry Burton

4 de Noviembre | Diario Howard Carter
Apenas había llegado a la excavación cuando un extraño silencio, producido por la detención de los trabajos, me hizo dar cuenta de que había ocurrido algo fuera de lo común. Se me recibió con la noticia de que se había descubierto un escalón tallado en la roca. Parecía demasiado bueno para ser verdad, pero el agrandamiento de la abertura nos aclaró que estábamos de hecho en la entrada de un profundo corte en la roca, unos cuatro metros por debajo de la entrada de la tumba de Ramsés VI y a una profundidad similar a la del nivel actual del Valle. El corte era del tipo de entrada con escalera subterránea, tan común en el Valle, y yo casi me atreví a esperar que habíamos encontrado finalmente una tumba. El trabajo continuó febrilmente durante todo aquel día.

Entrada a la Tumba | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

5 de Noviembre | Diario Howard Carter
Por la tarde conseguimos retirar la gran masa de escombros que cubría el corte y pudimos demarcar los bordes superiores de la escalera por sus cuatro lados. El corte estaba tallado en la ladera de un montículo, y al progresar los trabajos, el borde occidental retrocedía bajo el saliente de la roca hasta quedar primero en parte y luego totalmente cubierto, convirtiéndose en un pasadizo de unos 3m. de alto por 1’8m. de ancho. El trabajo avanzaba ahora más rápidamente; un escalón seguía a otro y al nivel del duodécimo, hacia la puesta del sol, descubrimos la parte superior de una puerta tapiada, enyesada y sellada.

Sellos de Pared

¡Una puerta sellada! Así, pues, era cierto. Nuestros años de paciente trabajo iban a quedar recompensados después de todo. Con una excitación que se convirtió en ardor febril busqué los sellos de la puerta, en busca de pruebas sobre la identidad del dueño del lugar, pero no pude encontrar nombre alguno. Los únicos descifrables eran el conocido sello de la necrópolis real, el chacal y nueve cautivos. Sin embargo, el empleo del sello real era una prueba evidente de que la tumba había sido construida para un personaje de gran categoría. Si hubiera sabido entonces que unos pocos centímetros más abajo estaba la huella clara y característica del sello de Tut-anj-Amón, el rey que yo más deseaba encontrar, hubiese continuado y, lógicamente, hubiera descansado mejor aquella noche, ahorrándome casi tres semanas de incertidumbre.

Contra mis deseos, volví a tapar el agujero que había hecho, rellené nuestra trinchera como protección para las horas de la noche, escogí los obreros más dignos de confianza, que estaban tan excitados como yo, para vigilar la tumba durante toda la noche y me dirigí a casa cabalgando Valle abajo a la luz de la luna.

Tumba tapada | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

Finalmente he hecho descubrimiento maravilloso en Valle, una tumba magnífica con sellos intactos; recubierto hasta su llegada; felicidades.Cablegrama a Lord Carnarvon | 6 de noviembre 1922

22 de Noviembre | Diario Howard Carter
Lord Carnarvon llega acompañado por su hija, Lady Evelyn Herbert, la devota compañera de toda su labor en Egipto. Callender había trabajado todo el día para quitar la capa superior de escombros, a fin de que al día siguiente pudiéramos pasar a la escalera sin ningún retraso.

Lord Carnarvon, Evelyn y Carter | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

24 de Noviembre | Diario Howard Carter
El día 24 por la tarde la escalera estaba al descubierto, dieciséis escalones en total, pudiendo hacer entonces un examen adecuado de la puerta sellada. Las huellas de los sellos eran mucho más claras en la parte inferior y pudimos descifrar en varios de ellos sin dificultad el nombre Tutankhamón.

Escalones tumba | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

Ahora que toda la puerta había quedado expuesta a la luz, fue posible discernir un hecho que se nos había escapado hasta el momento: que había habido dos aperturas. El sello que apareció primero, con un chacal y nueve cautivos, se había aplicado a las partes selladas de nuevo mientras que los de Tutankhamón cubrían la parte intocada de la puerta y eran, por tanto, aquellos con los que se había asegurado originariamente la tumba.

25 de Noviembre | Diario Howard Carter
Por la mañana se anotaron y fotografiaron cuidadosamente las impresiones de los sellos de la puerta y luego quitamos lo que la bloqueaba, que consistía en pedruscos alineados cuidadosamente desde el suelo hasta el dintel y cubiertos de una gruesa capa de yeso en su cara exterior, en la cual aparecían las impresiones de los sellos.

Detalle sello pared

Así quedó al descubierto el comienzo de un pasadizo descendente, no una escalera, de la misma anchura que la escalera de entrada y de casi 2’15m. de altura. El relleno, al igual que la puerta, mostraba señales evidentes de que la tumba había sido abierta y cerrada más de una vez, consistiendo la parte no tocada en cascotes blancos y limpios mezclados con polvo mientras que la parte removida era principalmente de sílex oscuro. Era evidente que se había abierto un túnel irregular en el relleno original, esquina superior izquierda, cuya posición correspondía con la del agujero de la puerta.

26 de Noviembre | Diario Howard Carter
A media tarde encontramos una segunda puerta sellada a unos diez metros de la puerta exterior, casi una réplica exacta de la primera. La marca de los sellos era menos clara en este caso pero todavía se podía identificar como los de Tutankhamón y la necrópolis real. También aquí había pruebas claras sobre el yeso de una apertura y sellado.

Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. Oscuridad y vacío en todo lo que podía alcanzar una sonda demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de despejar. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, Lady Evelyn y Callender que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro.

©Harry Burton ©Instituto Griffith

Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: ¿Puede ver algo?. Sólo pude contestar…

Sí, cosas maravillosas

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