La Esfinge de Guiza o Abu el-Hol (“Padre del miedo” en árabe) se ubica cerca del Río Nilo, a unos 350m al SE de la Gran Pirámide y a pocos kilómetros de El Cairo. Su construcción se ha datado tradicionalmente bajo el periodo del faraón Kefrén (aproximadamente hace 4.500 años) quien habría colocado un centinela de caliza frente a su famosa pirámide en el valle de Jafra.

La estructura, de una altura de 20m y 57m desde el extremo de sus garras delanteras hasta la cola, está formada por una cabeza humana mirando hacia el Este (amanecer), vestida con el «nemes» (una prenda a rayas blancas y azules), y por un cuerpo de león tumbado. La cara exhibe restos de pintura roja y se muestran ciertos vestigios de rojo y negro por la zona del cuerpo. Esta cara humana se le atribuye al faraón Kefrén o tal vez la de su padre, Khufu (Keops), según las escasas menciones que se han podido encontrar.

Su construcción no se menciona en los textos del Reino Antiguo y su existencia es omitida por el historiador griego Herodoto, que sí describe con detalle las características de las pirámides de Guiza, lo cual ha llevado a pensar que durante largos periodos de tiempo la Esfinge permaneció enterrada por completo en la arena. En tiempos del romano Plinio «El viejo» volvió a ser visible y éste recogió en sus textos que allí permanecía enterrado el Rey Harmais (u Horemheb). Se equivocaba. El autor romano, además, anota otra falsa creencia de la población local: el que la Esfinge había sido tallada y transportada luego hasta la meseta. La cercanía de una cantera con el mismo material empleado en su construcción descarta esta teoría.

©Bonfils

En la Estela del Sueño, una piedra tallada un milenio después por el faraón Tutmoses IV, aparece el único testimonio directo de que Kefrén fue el creador de la Esfinge. En ella se relata como el faraón Tutmosis tuvo un sueño en el que el dios, Kefrén divinizado, le ordenó que lo liberara de la arena que amenazaba con sepultarlo, como testimonio de ello, se ha encontrado un muro de 2,15m de espesor construido para servir de dique de contención de la arena del desierto. Se tiene constancia de que la Esfinge, al menos, se ha desenterrado de la arena unas 3 veces, la última hacia 1925 donde desapareció dicha piedra tallada.

Auguste Mariette, fundador del Museo Egipcio de El Cairo, aseguró que Napoleón había encontrado una puerta que permitía acceder al interior de la Esfinge. La Estela de Benermerut, del reinado de Tutmosis, revela también una puerta abierta en el costado de la base, lo cual ha animado a sucesivos arqueólogos a buscar cámaras interiores sin grandes resultados hasta hoy.

Napoleón junto a la Esfinge | ©Jean Leon Gerome 1886

Según el historiador Muhammed al-Husayni Taqi Al-Din, el único responsable de causar la destrucción de la Esfinge fue un fanático religioso que, en 1378, destrozó su nariz y parcialmente sus orejas, y no la creencia que se mantenía que había sido Napoleón con un cañonazo. Por este ataque fue finalmente condenado a muerte por las autoridades locales. Lo que no está claro es si también tuvo la culpa del desprendimiento de su barba, cuyos restos se hallaron durante unas excavaciones modernas y hoy se conservan parcialmente en el Museo Británico de Londres.

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