Cruzar el umbral de una puerta imaginaria para llegar al lugar donde nace el cielo, descubrir las cristalinas aguas de un cenote escondido bajo el selvático suelo Maya, saciad la gula en un ancestral restaurante Mexicano, y acabar el día al cobijo de una palmera, a los pies del Mar Caribe.


¿Acaso podíamos empezar mejor nuestra aventura en Riviera Maya?

Son las 5:00 a.m, sin conseguir conciliar el sueño, hemos pasado la primera noche en nuestro hotel y nos preparamos con ilusión, para hacer nuestro primer día de ruta. Cansados, muy cansados, haciéndose notar este “síndrome  transoceánico” conocido como yet lag.

Menos mal que comenzamos con un recorrido, que además de apasionante, es muy relajante.

Laguna de Muyil

Nos dirigimos a la reserva de la biosfera de Sian ka´an (que en lengua maya significa “puerta del cielo”), la cual es un extenso espacio natural protegido y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1987, en busca de ese umbral donde según los mayas, tocas el Firmamento.

Entre manglares

Una vez en este paraje, nos embarcamos en un excitante recorrido por sus lagunas, surcando los mismos canales que, entre manglares, empleaban los mayas para llegar al mar y comercializar sus productos. Ya que se piensa, que en el pasado esta zona fue un puerto marítimo construido para favorecer las actividades comerciales de la zona.

Aduana Maya entre lagunas

Tras dejar atrás la primera laguna (Muyil), llegas a un serpenteante canal, que entre manglares, abre paso a Chunyaxché, otra laguna más cercana al mar. Este canal fue construido de forma artificial por los mayas para poder abrirse paso entre la vegetación. El resto de canales que desembocan en Boca Paila son naturales.

Laguna Chunyaxché

Tienes la oportunidad de bajarte de la lancha y recorrer aproximadamente un kilómetro flotando entre manglares.

Punto de inicio de flotación

La experiencia es increíble, el agua cristalina hace el resto, ya que tan solo tienes que dejarte llevar por la suave corriente que de forma natural te conduce por el canal durante aproximadamente treinta minutos, que pasarán como segundos.

Flotación entre manglares

Tras este refrescante momento, vamos en busca de la fauna del lugar. Además de las aves que sobrevuelan el horizonte, llegamos a unas aguas que remolinaban muy suavemente, debido a un cenote que se encontraba justo debajo, donde vive el manatí, un mamífero que solo sale a la superficie para respirar entre cada uno y cinco minutos.

Manatí

También sorprendimos a un cocodrilo, plácidamente observando tras la vegetación.

Cocodrilo

Seguimos rumbo  a Boca Paila, un paradisiaco lugar ubicado entre el Mar Caribe y las Lagunas de Muyil. Punto de encuentro de las dulces aguas de la laguna con el mar.

Boca Paila

Un refugio de tranquilidad. Aguas cristalinas, con diferentes tonalidades aguamarinas y turquesas, únicamente enturbiadas por la fina arena blanca que arrastra la corriente.

Boca Paila

Belleza salvaje muy poco visitada, lo que potencia el encanto del lugar. Y aquí estamos, solos, maravillados ante tanta perfección de la naturaleza.

Boca Paila

Nuestra exclusiva estancia, se ve interrumpida por un simpático habitante del enclave, un cangrejo, que parece alegrarse de nuestra visita, y nos saluda, para después seguir paseando en sus arenas.

Cangrejo en Boca Paila

Resultó difícil dejar atrás este trocito de cielo sobre la tierra, pero hay que seguir descubriendo misteriosos rincones escondidos de este país.

Playa

Con una sonrisa imborrable en mi gesto, por la plenitud de la experiencia vivida, nos adentrarnos en la selva, en busca de las Ruinas de Muyil, un yacimiento arqueológico poco concurrido por los grupos de turistas, lo que se agradece, para visitarlo con mayor tranquilidad.

Ruinas de Muyil

Adentrándonos por un frondoso camino de tierra, entre el silencio selvático, escuchamos a unos individuos hablar en un lenguaje desconocido y ancestral, la lengua maya. ¿Hemos viajado en el tiempo y estamos compartiendo espacio y lugar con los mayas?

Zona de actual exploración arqueológica. Muyil

Por unos segundos, esa podía ser la sensación. Pero se trataba de un grupo de arqueólogos que a pies de ruina, estaban analizando una pequeña excavación. Impactante.

Entre el agradable silencio que envuelve las ruinas, hábitat natural de numerosos insectos y aves,  fuimos sorprendidos por unos destellos de luz eléctricos, de un color intenso azul metálico, cambiante y muy brillante.

Mariposa Mofo Azul

Era una increíble mariposa, que vuela sólo en las selvas húmedas tropicales, que desde tiempos prehispánicos fueron admiradas por mayas y aztecas. Y ahí estaba, muy elegante, volando tranquila ante nuestros incrédulos ojos.

Por un momento me vino a la mente “avatar” y todos los centelleantes seres, de vivos colores, entre la selva.

Escena “Avatar”

¡Desde luego, el día ha comenzado de película! Sigamos descubriendo el guión.

Muy cerca a Muyil, queda Tulum. Un municipio con un singular encanto. Pequeñas casitas, bares y tiendas engalanan con sencillez sus calles. Entre los lugareños nos hablan de la afamada “Quinta Avenida de Tulum”, la zona de ocio y tiendas más transitada del lugar. Después de estar en las dos (Quinta Avenida de Playa del Carmen y Tulum), me quedo con la última. A mi parecer, menos masificada y más auténtica.

Tulum

En Tulum, pudimos encontrar un local para cambiar moneda a un buen precio (1€ = 20 pesos), cuando el cambio real estaba sobre los 21 pesos y pico. Todo ello gracias a nuestro taxista, Raúl, que fue buscándonos el lugar mas rentable. En el hotel, el cambio también es posible y a precio oficial, ya que cuenta con un cajero automático, aunque te vendrá con una comisión añadida por cambio de banco. Para una prisa, siempre es de agradecer disponer de un cajero. Donde no es nada recomendable el cambio es en el aeropuerto (ni en Madrid, ni en Cancún), ya que te lo ponen sobre 1€ = 16 pesos.

Taquería Honorio

Y aquí, hicimos parada para comer en “Taquería Honorio”. Me encantó el lugar. Las mujeres, ataviadas con el Huipil, traje típico de algodón con bonitos bordados, haciendo las tortitas de maíz de forma artesanal. Los sabores, increíbles, intensos, riquísimos. Auténtica cocina casera.

Tacos

La comida, muy amena, hablando con Raúl, sobre el país, para empaparnos al máximo de sus costumbres. Le preguntamos su opinión sobre los cenotes más bonitos, y nos habló de Sac Actun, un increíble cenote subterráneo que con 155 km, es la cueva subacuática más larga del mundo.

Entrada al cenote Sac Actun

Como íbamos bien de tiempo, aunque no estaba programado para este día de ruta, decidimos ir a conocerlo. Estas son las ventajas de un tour privado, se adapta completamente a tus gustos.

Cenote Sac Actun

El recorrido dura una hora aproximadamente. Te proporcionan un chaleco, gafas y tubo de snorkel. Opcional traje de neopreno porque el agua está fresquita.
Llegamos a una primera cavidad, que tenía una apertura en la parte superior, por donde entraba la luz del sol y un pequeño islote con vegetación entre lianas y raíces.

Cenote Sac Actun

El recorrido es increíble. A través del agua cristalina, puedes ver como pececitos te acompañan en el trayecto. Algo muy curioso, es ver como las estalactitas, se entremezclan con raíces de árboles.

Cenote Sac Actun

A la salida hicimos una parada que me hizo especial ilusión. Una escuela en medio de la nada, en medio de la selva.

Escuela en la selva

Sin recursos, con instalaciones muy rudimentarias, pero sin duda con un encanto singular. No tienen nada, pero lo tienen todo.

Me emocioné mucho imaginando a niños de familias humildes, correteando, felices, entre columpios de tablas, atados con cuerdas entre los árboles, y palos de madera con forma de portería, sin redes.

Me imagino trabajando aquí, para aprender más de lo que pudiera enseñar. Me encantaría.

Escuela

El día se acerca a su fin, no sin antes relajarnos bajo las exóticas palmeras de las playas del Mar Caribe.

Playa Xcacel-Xcacelito

Llegamos a Xcacel-Xcacelito. Una playa virgen, protegida, en la que la vegetación crece en modo salvaje. Cruzas la selva y llegas al mar, donde sobre la arena, encuentras nidos de tortugas que esperan a la noche, para cruzar los pocos metros que los separan de la orilla.

Huevos de tortugas

El agua estaba agitada, y la arena con multitud de algas, tal vez, por los días de tormenta anteriores a nuestra llegada al país.

A pocos metros de la playa hay un cenote. Aunque no pudimos disfrutarlo, ya que llegamos a las 16h., hora a la que cierra el acceso al mismo. Una pena.
Es un lugar bonito, poco turístico, al que acuden lugareños para relajarse en una hamaca al cobijo de las palmeras.

Xcacel-Xcacelito

Otra playa, más conocida y concurrida es Akumal. Es afamada por la posibilidad de hacer snorkel para nadar con tortugas. Nada más pisar la arena, salen a tu encuentro para venderte el equipo de snorkel, diciendo que son normas del gobierno. Desconocemos el sistema, aunque en el hotel, compañeros nos comentaron que vieron las tortugas sin equipo. Al fin y al cabo, la playa es pública.

Playa de Akumal

Nosotros preferimos tirarnos sobre la arena, contemplar el paisaje y relajarnos, mientras sellamos en nuestra retina, todas las vivencias que hemos experimentado en este día.

Detalle tienda en Akumal

Son las 17h. Llevamos doce intensas horas descubriendo México. Sin duda, madrugar y llegar a lugares tan especiales, antes de la afluencia de turismo ha merecido mucho la pena.

Volvemos al hotel, con increíbles sensaciones que se agolpan en mi pecho. Percepciones más intensas de lo que me hubiera podido imaginar.

Pies, para qué los quiero, si tengo alas para volar.Frida Kahlo

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