Las Pirámides de Giza

Se situan en la necrópolis de El Giza, a unos 12km SW de El Cairo. El conjunto lo componen La Gran Pirámide de Keops, La Pirámide de Kefrén y la Pirámide de Micerino. Todas ellas rodeadas por las mastabas de las esposas de los faraones y de los edificios relacionados con los ritos funerarios.

La gran plataforma sobre la que están construidas, no es más que una prolongación de las estribaciones mesetarias del desierto de Libia. El terreno, nivelado por la mano del hombre, es de una superficie cuadrangular de 1.500m de N a S y de 2.000m de W a E, todo ello a unos 40 metros de altura sobre el nivel del río Nilo. Las tres pirámides están colocadas por orden de tamaño y antigüedad, a lo largo de un eje que va del NW al SW.

Según recoge el historiador Heródoto (Siglo V a.C.), la pirámide de Micerino fué la única que se utilizó realmente como sepultura, ya que tanto el farón Keops como su hijo Kefrén fueron privados de sus tumbas por la ira de su propio pueblo que se sublevó a las vejaciones y malos tratos que éstos les imponían por la obligatoriedad de trabajar en su construcción.

El revestimiento externo de las pirámides (bloques de caliza de Tura), se conservó hasta el siglo XIV, fecha aproximadamente en la que los sultanes comenzaron a desmantelarlas con el propósito de conseguir material de construcción barato y de buena calidad.

Pirámide de Kefrén con revestimiento

Construcción y traslado de los bloques

La pirámide fue edificándose de modo que en ella quedasen unas gradas o poyos que algunos llaman escalas y otros altares. Hecha así desde el principio la parte inferior, iban levantándose y subiendo las piedras, ya labradas, con cierta máquina formada de maderos cortos que, alzándolas desde el suelo, las ponía en el primer orden de gradas, desde el cual con otra máquina que en él tenían prevenida las subían al segundo orden, donde las cargaban sobre otra máquina semejante, prosiguiendo así en subirlas, pues parece que cuantos eran los órdenes de gradas, tantas eran en número las máquinas, o quizá no siendo más que una fácilmente transportable, la irían mudando de grada en grada, cada vez que la descargasen de la piedra; que bueno es dar de todo diversas explicaciones. Así es que la fachada empezó a pulirse por arriba, bajando después consecutivamente, de modo que la parte inferior, que estribaba en el mismo suelo, fue la postrera en recibir la última mano.(Heródoto)

Los diestros canteros egipcios tallaron los bloques macizos de piedra que después fueron transportados por el Nilo a bordo de grandes barcazas. A continuación los colocaron sobre unos trineos que centenares de obreros arrastraron hasta su emplazamiento definitivo. ¿Pero cómo los deslizaron por la arena reduciendo al máximo la fuerza de fricción o rozamiento y utilizando el menor número posible de obreros?

Demostramos experimentalmente que la fricción por deslizamiento sobre la arena se reduce de forma considerable al añadir algo de agua, pero no mucha.Daniel Bonn | Universidad de Ámsterdam

Detalle experimento

Dicha hipótesis ha sido considerada gracias a una pintura mural egipcia que data del año 1.880 a.C. y decora una de las paredes de la tumba del nomarca Djehutihotep, en la necrópolis de Deir el-Bersha, en el Egipto Medio. En ella aparecen decenas de obreros arrastrando un trineo que carga una estatua colosal y un personaje subido en la parte frontal del trineo vierte agua sobre la arena, para facilitar el transporte de la estatua.

Detalle traslado estatua

Según fuentes del estudio, los egipcios comprobaron que con la arena seca se formaba un montículo frente al trineo que dificultaba su arrastre, pero a su vez el derramamiento excesivo de agua disminuía la dureza de la arena.

Orientación

Los antiguos egipcios fueron grandes observadores del cielo. Su sistema de medición del tiempo produjo el sofisticado calendario solar que está en la base del nuestro; y también trazaron un completo mapa estelar, pues el firmamento estaba estrechamente vinculado a su religión. Además, alinearon sus templos en busca de la Maat, el orden cósmico, y perfeccionaron patrones de orientación astronómica que los ayudasen en este propósito.

La íntima relación entre el cielo y la tierra se manifiesta igualmente en la orientación de las pirámides. Es sabido que estas construcciones están orientadas hacia los cuatro puntos cardinales y el cinturón de la constelación de Orión. La cuestión de cómo las orientaron es una de las más debatidas a día de hoy.

La orientación se efectuaba mediante la ceremonia del «tensado de la cuerda», en la que el rey, en compañía de la diosa del cómputo del tiempo y de la escritura, Seshat, fijaba el eje y el perímetro de un templo mediante ciertas observaciones, seguramente de carácter astronómico.

No todas las pirámides de Egipto están correctamente orientadas; en realidad, sólo unas pocas de las más de sesenta que conocemos tienen una orientación precisa. Las pirámides de los faraones de la dinastía IV en Dahshur y Gizeh son las que se encuentran mejor orientadas, con errores que, en términos astronómicos, se sitúan en torno a un cuarto de grado, o 15 minutos de arco; en algunas, como las de Keops y Kefrén, el error es aún menor. Estos errores tan pequeños, sólo estarían al alcance de un observador muy capacitado, con bastante experiencia y dotado de los más precisos instrumentos de la época.

La Gran Pirámide ó Pirámide de Keops

Fue ordenada construir al arquitecto Hemiunu por el faraón Keops (IV Dinastía del Antiguo Egipto). Se estima que finalizaron las obras, 20 años después, alrededor de 2.570 a.C. Durante 3.800 años fue el edificio más alto de la tierra, hasta que en el siglo XIV, fue superado por el chapitel de la Catedral de Lincoln (Inglaterra), y también el más alto construido en piedra, hasta que en el siglo XIX, fue superado por la aguja de la iglesia de San Nikolai (Hamburgo).

Es considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo. Tiene una altura de 137m y 230m de lado, aunque en realidad en su época era de 146m y 232m respectivamente. Cada una de sus caras triangulares tiene una altura de 186m sobre el plano de inclinación.

Se estima que se compone de unos 2,3 millones de bloques de piedra, de unas 2,5 toneladas de media por bloque, aunque hay algunos que llegan a pesar hasta las 60 toneladas.

Bloques en la base de la pirámide

En su interior, la pirámide se compone de tres cámaras principales, dos situadas en el interior de la pirámide, actualmente denominadas cámara del rey y cámara de la reina, y una en el subsuelo, la cámara subterránea.

Plano interior

Pirámide de Kefrén

La pirámide de Jafra (Kefrén es su nombre en griego) fue erigida junto a la de su “padre” el faraón Keops y data del siglo XXVI a.C. Tiene una altura de 143,5m y 215,25m de base. Es la primera gran pirámide que se construyó basándose en el triángulo sagrado egipcio de proporciones 3-4-5.

En épocas antiguas fue denominada la Gran Pirámide, debido a que parecía ser más alta que la pirámide de Keops. Esto es debido a que se encuentra en un nivel más alto de la meseta y por el ángulo utilizado que es más inclinado. Actualmente, la pirámide de Kefrén es más alta que la pirámide de Keops debido a que la cúspide de esta última se ha erosionado.

Detalle cúspide aún con el recubrimiento original

La pirámide es parte de un complejo funerario que cuenta con un templo en su lado oriental y una calzada procesional pavimentada que lo vincula con el Templo del Valle, situado en las inmediaciones de La Gran Esfinge. También se encuentra una pirámide subsidiaria, cinco fosos con barcas solares y más de un centenar de grandes habitaciones, consideradas almacenes o talleres de los trabajadores de la pirámide.

Pirámide Kefren iluminada | ©Mohamed Abd El Ghany

En su interior, la cámara del sarcófago está tallada en la roca. El techo compuesto de losas de granito, ha sido colocado oblicuamente a dos aguas. En la cámara funeraria, se halla el sarcófago de granito negro, vacío desde hace mucho tiempo. Belzoni, en 1818, sólo encontró en él huesos de vaca.

Plano interior

Pirámide de Micerino

La pirámide de Micerino (nombre helenizado) o de Menkaura (según su nombre egipcio) es la menor de las tres con una altura de 64m y 102m de base. A su alrededor se levantan las pirámides de las reinas, pequeñas construcciones dedicadas a albergar las tumbas de las consortes de estos faraones.

En su época fue conocida como la “Pirámide Divina”, seguramente por la belleza que albergaba contemplar el contraste de sus dieciséis hiladas de granito rosa de Asuán con la caliza blanca de Tura. Cerca de la base, hoy en día, aún se pueden encontrar hiladas con el recubrimiento original de granito.

Plano interior

Se cree que el sarcófago que transportaba la goleta “Beatrice” pertenecía al mismísimo faraón Micerino. Lamentablemente no se puede corroborar esta hipótesis, ya que ésta naufragó frente a las costas de Cartagena (Murcia) en su viaje hacia Inglaterra.

La Gran Esfinge de Giza

La Esfinge de Guiza o Abu el-Hol (“Padre del miedo” en árabe) se ubica cerca del Río Nilo, a unos 350m al SE de la Gran Pirámide y a pocos kilómetros de El Cairo. Su construcción se ha datado tradicionalmente bajo el periodo del faraón Kefrén (aproximadamente hace 4.500 años) quien habría colocado un centinela de caliza frente a su famosa pirámide en el valle de Jafra.

La estructura, de una altura de 20m y 57m desde el extremo de sus garras delanteras hasta la cola, está formada por una cabeza humana mirando hacia el Este (amanecer), vestida con el «nemes» (una prenda a rayas blancas y azules), y por un cuerpo de león tumbado. La cara exhibe restos de pintura roja y se muestran ciertos vestigios de rojo y negro por la zona del cuerpo. Esta cara humana se le atribuye al faraón Kefrén o tal vez la de su padre, Khufu (Keops), según las escasas menciones que se han podido encontrar.

Su construcción no se menciona en los textos del Reino Antiguo y su existencia es omitida por el historiador griego Herodoto, que sí describe con detalle las características de las pirámides de Guiza, lo cual ha llevado a pensar que durante largos periodos de tiempo la Esfinge permaneció enterrada por completo en la arena. En tiempos del romano Plinio «El viejo» volvió a ser visible y éste recogió en sus textos que allí permanecía enterrado el Rey Harmais (u Horemheb). Se equivocaba. El autor romano, además, anota otra falsa creencia de la población local: el que la Esfinge había sido tallada y transportada luego hasta la meseta. La cercanía de una cantera con el mismo material empleado en su construcción descarta esta teoría.

©Bonfils

En la Estela del Sueño, una piedra tallada un milenio después por el faraón Tutmoses IV, aparece el único testimonio directo de que Kefrén fue el creador de la Esfinge. En ella se relata como el faraón Tutmosis tuvo un sueño en el que el dios, Kefrén divinizado, le ordenó que lo liberara de la arena que amenazaba con sepultarlo, como testimonio de ello, se ha encontrado un muro de 2,15m de espesor construido para servir de dique de contención de la arena del desierto. Se tiene constancia de que la Esfinge, al menos, se ha desenterrado de la arena unas 3 veces, la última hacia 1925 donde desapareció dicha piedra tallada.

Auguste Mariette, fundador del Museo Egipcio de El Cairo, aseguró que Napoleón había encontrado una puerta que permitía acceder al interior de la Esfinge. La Estela de Benermerut, del reinado de Tutmosis, revela también una puerta abierta en el costado de la base, lo cual ha animado a sucesivos arqueólogos a buscar cámaras interiores sin grandes resultados hasta hoy.

Napoleón junto a la Esfinge | ©Jean Leon Gerome 1886

Según el historiador Muhammed al-Husayni Taqi Al-Din, el único responsable de causar la destrucción de la Esfinge fue un fanático religioso que, en 1378, destrozó su nariz y parcialmente sus orejas, y no la creencia que se mantenía que había sido Napoleón con un cañonazo. Por este ataque fue finalmente condenado a muerte por las autoridades locales. Lo que no está claro es si también tuvo la culpa del desprendimiento de su barba, cuyos restos se hallaron durante unas excavaciones modernas y hoy se conservan parcialmente en el Museo Británico de Londres.

El Cairo

El Cairo, la mayor urbe Africana, capital de Egipto. Una ciudad en la que reina un caos muy estructurado de luces, sombras y misterio, ya que es el epicentro del poder y del lujo extremo pero paradógicamente también de la pobreza. A su vez es uno de los enclaves turísticos más enigmáticos, pues sobre las arenas de su desierto yergue impoluta al paso de los siglos, una de las  siete maravillas del Mundo Antiguo: las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos.

Seguir leyendo