Las Pirámides de Giza

Se situan en la necrópolis de El Giza, a unos 12km SW de El Cairo. El conjunto lo componen La Gran Pirámide de Keops, La Pirámide de Kefrén y la Pirámide de Micerino. Todas ellas rodeadas por las mastabas de las esposas de los faraones y de los edificios relacionados con los ritos funerarios.

La gran plataforma sobre la que están construidas, no es más que una prolongación de las estribaciones mesetarias del desierto de Libia. El terreno, nivelado por la mano del hombre, es de una superficie cuadrangular de 1.500m de N a S y de 2.000m de W a E, todo ello a unos 40 metros de altura sobre el nivel del río Nilo. Las tres pirámides están colocadas por orden de tamaño y antigüedad, a lo largo de un eje que va del NW al SW.

Según recoge el historiador Heródoto (Siglo V a.C.), la pirámide de Micerino fué la única que se utilizó realmente como sepultura, ya que tanto el farón Keops como su hijo Kefrén fueron privados de sus tumbas por la ira de su propio pueblo que se sublevó a las vejaciones y malos tratos que éstos les imponían por la obligatoriedad de trabajar en su construcción.

El revestimiento externo de las pirámides (bloques de caliza de Tura), se conservó hasta el siglo XIV, fecha aproximadamente en la que los sultanes comenzaron a desmantelarlas con el propósito de conseguir material de construcción barato y de buena calidad.

Pirámide de Kefrén con revestimiento

Construcción y traslado de los bloques

La pirámide fue edificándose de modo que en ella quedasen unas gradas o poyos que algunos llaman escalas y otros altares. Hecha así desde el principio la parte inferior, iban levantándose y subiendo las piedras, ya labradas, con cierta máquina formada de maderos cortos que, alzándolas desde el suelo, las ponía en el primer orden de gradas, desde el cual con otra máquina que en él tenían prevenida las subían al segundo orden, donde las cargaban sobre otra máquina semejante, prosiguiendo así en subirlas, pues parece que cuantos eran los órdenes de gradas, tantas eran en número las máquinas, o quizá no siendo más que una fácilmente transportable, la irían mudando de grada en grada, cada vez que la descargasen de la piedra; que bueno es dar de todo diversas explicaciones. Así es que la fachada empezó a pulirse por arriba, bajando después consecutivamente, de modo que la parte inferior, que estribaba en el mismo suelo, fue la postrera en recibir la última mano.(Heródoto)

Los diestros canteros egipcios tallaron los bloques macizos de piedra que después fueron transportados por el Nilo a bordo de grandes barcazas. A continuación los colocaron sobre unos trineos que centenares de obreros arrastraron hasta su emplazamiento definitivo. ¿Pero cómo los deslizaron por la arena reduciendo al máximo la fuerza de fricción o rozamiento y utilizando el menor número posible de obreros?

Demostramos experimentalmente que la fricción por deslizamiento sobre la arena se reduce de forma considerable al añadir algo de agua, pero no mucha.Daniel Bonn | Universidad de Ámsterdam

Detalle experimento

Dicha hipótesis ha sido considerada gracias a una pintura mural egipcia que data del año 1.880 a.C. y decora una de las paredes de la tumba del nomarca Djehutihotep, en la necrópolis de Deir el-Bersha, en el Egipto Medio. En ella aparecen decenas de obreros arrastrando un trineo que carga una estatua colosal y un personaje subido en la parte frontal del trineo vierte agua sobre la arena, para facilitar el transporte de la estatua.

Detalle traslado estatua

Según fuentes del estudio, los egipcios comprobaron que con la arena seca se formaba un montículo frente al trineo que dificultaba su arrastre, pero a su vez el derramamiento excesivo de agua disminuía la dureza de la arena.

Orientación

Los antiguos egipcios fueron grandes observadores del cielo. Su sistema de medición del tiempo produjo el sofisticado calendario solar que está en la base del nuestro; y también trazaron un completo mapa estelar, pues el firmamento estaba estrechamente vinculado a su religión. Además, alinearon sus templos en busca de la Maat, el orden cósmico, y perfeccionaron patrones de orientación astronómica que los ayudasen en este propósito.

La íntima relación entre el cielo y la tierra se manifiesta igualmente en la orientación de las pirámides. Es sabido que estas construcciones están orientadas hacia los cuatro puntos cardinales y el cinturón de la constelación de Orión. La cuestión de cómo las orientaron es una de las más debatidas a día de hoy.

La orientación se efectuaba mediante la ceremonia del «tensado de la cuerda», en la que el rey, en compañía de la diosa del cómputo del tiempo y de la escritura, Seshat, fijaba el eje y el perímetro de un templo mediante ciertas observaciones, seguramente de carácter astronómico.

No todas las pirámides de Egipto están correctamente orientadas; en realidad, sólo unas pocas de las más de sesenta que conocemos tienen una orientación precisa. Las pirámides de los faraones de la dinastía IV en Dahshur y Gizeh son las que se encuentran mejor orientadas, con errores que, en términos astronómicos, se sitúan en torno a un cuarto de grado, o 15 minutos de arco; en algunas, como las de Keops y Kefrén, el error es aún menor. Estos errores tan pequeños, sólo estarían al alcance de un observador muy capacitado, con bastante experiencia y dotado de los más precisos instrumentos de la época.

La Gran Pirámide ó Pirámide de Keops

Fue ordenada construir al arquitecto Hemiunu por el faraón Keops (IV Dinastía del Antiguo Egipto). Se estima que finalizaron las obras, 20 años después, alrededor de 2.570 a.C. Durante 3.800 años fue el edificio más alto de la tierra, hasta que en el siglo XIV, fue superado por el chapitel de la Catedral de Lincoln (Inglaterra), y también el más alto construido en piedra, hasta que en el siglo XIX, fue superado por la aguja de la iglesia de San Nikolai (Hamburgo).

Es considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo. Tiene una altura de 137m y 230m de lado, aunque en realidad en su época era de 146m y 232m respectivamente. Cada una de sus caras triangulares tiene una altura de 186m sobre el plano de inclinación.

Se estima que se compone de unos 2,3 millones de bloques de piedra, de unas 2,5 toneladas de media por bloque, aunque hay algunos que llegan a pesar hasta las 60 toneladas.

Bloques en la base de la pirámide

En su interior, la pirámide se compone de tres cámaras principales, dos situadas en el interior de la pirámide, actualmente denominadas cámara del rey y cámara de la reina, y una en el subsuelo, la cámara subterránea.

Plano interior

Pirámide de Kefrén

La pirámide de Jafra (Kefrén es su nombre en griego) fue erigida junto a la de su “padre” el faraón Keops y data del siglo XXVI a.C. Tiene una altura de 143,5m y 215,25m de base. Es la primera gran pirámide que se construyó basándose en el triángulo sagrado egipcio de proporciones 3-4-5.

En épocas antiguas fue denominada la Gran Pirámide, debido a que parecía ser más alta que la pirámide de Keops. Esto es debido a que se encuentra en un nivel más alto de la meseta y por el ángulo utilizado que es más inclinado. Actualmente, la pirámide de Kefrén es más alta que la pirámide de Keops debido a que la cúspide de esta última se ha erosionado.

Detalle cúspide aún con el recubrimiento original

La pirámide es parte de un complejo funerario que cuenta con un templo en su lado oriental y una calzada procesional pavimentada que lo vincula con el Templo del Valle, situado en las inmediaciones de La Gran Esfinge. También se encuentra una pirámide subsidiaria, cinco fosos con barcas solares y más de un centenar de grandes habitaciones, consideradas almacenes o talleres de los trabajadores de la pirámide.

Pirámide Kefren iluminada | ©Mohamed Abd El Ghany

En su interior, la cámara del sarcófago está tallada en la roca. El techo compuesto de losas de granito, ha sido colocado oblicuamente a dos aguas. En la cámara funeraria, se halla el sarcófago de granito negro, vacío desde hace mucho tiempo. Belzoni, en 1818, sólo encontró en él huesos de vaca.

Plano interior

Pirámide de Micerino

La pirámide de Micerino (nombre helenizado) o de Menkaura (según su nombre egipcio) es la menor de las tres con una altura de 64m y 102m de base. A su alrededor se levantan las pirámides de las reinas, pequeñas construcciones dedicadas a albergar las tumbas de las consortes de estos faraones.

En su época fue conocida como la “Pirámide Divina”, seguramente por la belleza que albergaba contemplar el contraste de sus dieciséis hiladas de granito rosa de Asuán con la caliza blanca de Tura. Cerca de la base, hoy en día, aún se pueden encontrar hiladas con el recubrimiento original de granito.

Plano interior

Se cree que el sarcófago que transportaba la goleta “Beatrice” pertenecía al mismísimo faraón Micerino. Lamentablemente no se puede corroborar esta hipótesis, ya que ésta naufragó frente a las costas de Cartagena (Murcia) en su viaje hacia Inglaterra.

La Gran Esfinge de Giza

La Esfinge de Guiza o Abu el-Hol (“Padre del miedo” en árabe) se ubica cerca del Río Nilo, a unos 350m al SE de la Gran Pirámide y a pocos kilómetros de El Cairo. Su construcción se ha datado tradicionalmente bajo el periodo del faraón Kefrén (aproximadamente hace 4.500 años) quien habría colocado un centinela de caliza frente a su famosa pirámide en el valle de Jafra.

La estructura, de una altura de 20m y 57m desde el extremo de sus garras delanteras hasta la cola, está formada por una cabeza humana mirando hacia el Este (amanecer), vestida con el «nemes» (una prenda a rayas blancas y azules), y por un cuerpo de león tumbado. La cara exhibe restos de pintura roja y se muestran ciertos vestigios de rojo y negro por la zona del cuerpo. Esta cara humana se le atribuye al faraón Kefrén o tal vez la de su padre, Khufu (Keops), según las escasas menciones que se han podido encontrar.

Su construcción no se menciona en los textos del Reino Antiguo y su existencia es omitida por el historiador griego Herodoto, que sí describe con detalle las características de las pirámides de Guiza, lo cual ha llevado a pensar que durante largos periodos de tiempo la Esfinge permaneció enterrada por completo en la arena. En tiempos del romano Plinio «El viejo» volvió a ser visible y éste recogió en sus textos que allí permanecía enterrado el Rey Harmais (u Horemheb). Se equivocaba. El autor romano, además, anota otra falsa creencia de la población local: el que la Esfinge había sido tallada y transportada luego hasta la meseta. La cercanía de una cantera con el mismo material empleado en su construcción descarta esta teoría.

©Bonfils

En la Estela del Sueño, una piedra tallada un milenio después por el faraón Tutmoses IV, aparece el único testimonio directo de que Kefrén fue el creador de la Esfinge. En ella se relata como el faraón Tutmosis tuvo un sueño en el que el dios, Kefrén divinizado, le ordenó que lo liberara de la arena que amenazaba con sepultarlo, como testimonio de ello, se ha encontrado un muro de 2,15m de espesor construido para servir de dique de contención de la arena del desierto. Se tiene constancia de que la Esfinge, al menos, se ha desenterrado de la arena unas 3 veces, la última hacia 1925 donde desapareció dicha piedra tallada.

Auguste Mariette, fundador del Museo Egipcio de El Cairo, aseguró que Napoleón había encontrado una puerta que permitía acceder al interior de la Esfinge. La Estela de Benermerut, del reinado de Tutmosis, revela también una puerta abierta en el costado de la base, lo cual ha animado a sucesivos arqueólogos a buscar cámaras interiores sin grandes resultados hasta hoy.

Napoleón junto a la Esfinge | ©Jean Leon Gerome 1886

Según el historiador Muhammed al-Husayni Taqi Al-Din, el único responsable de causar la destrucción de la Esfinge fue un fanático religioso que, en 1378, destrozó su nariz y parcialmente sus orejas, y no la creencia que se mantenía que había sido Napoleón con un cañonazo. Por este ataque fue finalmente condenado a muerte por las autoridades locales. Lo que no está claro es si también tuvo la culpa del desprendimiento de su barba, cuyos restos se hallaron durante unas excavaciones modernas y hoy se conservan parcialmente en el Museo Británico de Londres.

La Tumba de Tutankamón

Iba a ser nuestra última campaña en el Valle. Habíamos excavado allí durante seis campañas completas y cada una de ellas había terminado en nada; trabajamos durante meses al máximo esfuerzo sin encontrar nada y sólo un excavador sabe lo desesperado y deprimente que esto puede ser. Ya casi nos habíamos convencido de nuestra derrota y nos preparábamos para dejar el Valle y probar suerte en otro lugar.

|Diario de Howard Carter

Valle de los Reyes
Descubrimiento de la Tumba

4 de noviembre de 1922 (unas horas antes del alba)
Aún no ha amanecido, pero como cada día, ya estoy en el camino de vuelta, a lomos de mi burrico, con el cargamento de agua fresca. Sólo me es posible cargar con dos tinajas, lo que hace que tenga que realizar, al menos, otra carga más a lo largo del día, siendo ésta la más dura, debido a las altas temperaturas que a esas horas asolan el valle.

Al llegar a la zona de descarga y avituallamiento, escarbo con mis manos la arena, para así poder acomodar mejor, en el suelo, el culo redondeado de mis vasijas. La primera ya está en el suelo, ha sido rápido, la experiencia ayuda bastante. Vuelvo a por la segunda y última. Aún no me había girado para ir al siguiente costado de mi burro, cuando oigo un golpe sordo amortiguado por la arena. Al mirar compruebo lleno de dolor que la vasija ha volcado, derramando y perdiendo parte de su preciada carga. Apresuradamente, me dirijo a ella para levantarla. Al hacerlo, me fijo que en el lugar donde la había acomodado antes, sobresale una pequeña piedra. Esta vez y con más empeño que en la anterior vez, intento despejar los costados de alrededor para poder quitarla. Conforme voy despejando la zona, compruebo atónito que se trata del saliente de un escalón enterrado y no de una simple piedra. Sin vacilar, suelto la tinaja y me dirijo corriendo a informar al capataz de mi hallazgo.

Mi nombre es Husein Abdel Rasul y a mis 10 años, soy el aguador oficial de la misión del Sr. Carter, en el Valle de los Reyes.

Husein Andel Rasul, retrato de 1925, luciendo el collar con un escarabajo y cobras que fue hallado en la cámara de Tutankamóm | ©Harry Burton

4 de Noviembre | Diario Howard Carter
Apenas había llegado a la excavación cuando un extraño silencio, producido por la detención de los trabajos, me hizo dar cuenta de que había ocurrido algo fuera de lo común. Se me recibió con la noticia de que se había descubierto un escalón tallado en la roca. Parecía demasiado bueno para ser verdad, pero el agrandamiento de la abertura nos aclaró que estábamos de hecho en la entrada de un profundo corte en la roca, unos cuatro metros por debajo de la entrada de la tumba de Ramsés VI y a una profundidad similar a la del nivel actual del Valle. El corte era del tipo de entrada con escalera subterránea, tan común en el Valle, y yo casi me atreví a esperar que habíamos encontrado finalmente una tumba. El trabajo continuó febrilmente durante todo aquel día.

Entrada a la Tumba | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

5 de Noviembre | Diario Howard Carter
Por la tarde conseguimos retirar la gran masa de escombros que cubría el corte y pudimos demarcar los bordes superiores de la escalera por sus cuatro lados. El corte estaba tallado en la ladera de un montículo, y al progresar los trabajos, el borde occidental retrocedía bajo el saliente de la roca hasta quedar primero en parte y luego totalmente cubierto, convirtiéndose en un pasadizo de unos 3m. de alto por 1’8m. de ancho. El trabajo avanzaba ahora más rápidamente; un escalón seguía a otro y al nivel del duodécimo, hacia la puesta del sol, descubrimos la parte superior de una puerta tapiada, enyesada y sellada.

Sellos de Pared

¡Una puerta sellada! Así, pues, era cierto. Nuestros años de paciente trabajo iban a quedar recompensados después de todo. Con una excitación que se convirtió en ardor febril busqué los sellos de la puerta, en busca de pruebas sobre la identidad del dueño del lugar, pero no pude encontrar nombre alguno. Los únicos descifrables eran el conocido sello de la necrópolis real, el chacal y nueve cautivos. Sin embargo, el empleo del sello real era una prueba evidente de que la tumba había sido construida para un personaje de gran categoría. Si hubiera sabido entonces que unos pocos centímetros más abajo estaba la huella clara y característica del sello de Tut-anj-Amón, el rey que yo más deseaba encontrar, hubiese continuado y, lógicamente, hubiera descansado mejor aquella noche, ahorrándome casi tres semanas de incertidumbre.

Contra mis deseos, volví a tapar el agujero que había hecho, rellené nuestra trinchera como protección para las horas de la noche, escogí los obreros más dignos de confianza, que estaban tan excitados como yo, para vigilar la tumba durante toda la noche y me dirigí a casa cabalgando Valle abajo a la luz de la luna.

Tumba tapada | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

Finalmente he hecho descubrimiento maravilloso en Valle, una tumba magnífica con sellos intactos; recubierto hasta su llegada; felicidades.Cablegrama a Lord Carnarvon | 6 de noviembre 1922

22 de Noviembre | Diario Howard Carter
Lord Carnarvon llega acompañado por su hija, Lady Evelyn Herbert, la devota compañera de toda su labor en Egipto. Callender había trabajado todo el día para quitar la capa superior de escombros, a fin de que al día siguiente pudiéramos pasar a la escalera sin ningún retraso.

Lord Carnarvon, Evelyn y Carter | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

24 de Noviembre | Diario Howard Carter
El día 24 por la tarde la escalera estaba al descubierto, dieciséis escalones en total, pudiendo hacer entonces un examen adecuado de la puerta sellada. Las huellas de los sellos eran mucho más claras en la parte inferior y pudimos descifrar en varios de ellos sin dificultad el nombre Tutankhamón.

Escalones tumba | ©Harry Burton ©Instituto Griffith

Ahora que toda la puerta había quedado expuesta a la luz, fue posible discernir un hecho que se nos había escapado hasta el momento: que había habido dos aperturas. El sello que apareció primero, con un chacal y nueve cautivos, se había aplicado a las partes selladas de nuevo mientras que los de Tutankhamón cubrían la parte intocada de la puerta y eran, por tanto, aquellos con los que se había asegurado originariamente la tumba.

25 de Noviembre | Diario Howard Carter
Por la mañana se anotaron y fotografiaron cuidadosamente las impresiones de los sellos de la puerta y luego quitamos lo que la bloqueaba, que consistía en pedruscos alineados cuidadosamente desde el suelo hasta el dintel y cubiertos de una gruesa capa de yeso en su cara exterior, en la cual aparecían las impresiones de los sellos.

Detalle sello pared

Así quedó al descubierto el comienzo de un pasadizo descendente, no una escalera, de la misma anchura que la escalera de entrada y de casi 2’15m. de altura. El relleno, al igual que la puerta, mostraba señales evidentes de que la tumba había sido abierta y cerrada más de una vez, consistiendo la parte no tocada en cascotes blancos y limpios mezclados con polvo mientras que la parte removida era principalmente de sílex oscuro. Era evidente que se había abierto un túnel irregular en el relleno original, esquina superior izquierda, cuya posición correspondía con la del agujero de la puerta.

26 de Noviembre | Diario Howard Carter
A media tarde encontramos una segunda puerta sellada a unos diez metros de la puerta exterior, casi una réplica exacta de la primera. La marca de los sellos era menos clara en este caso pero todavía se podía identificar como los de Tutankhamón y la necrópolis real. También aquí había pruebas claras sobre el yeso de una apertura y sellado.

Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. Oscuridad y vacío en todo lo que podía alcanzar una sonda demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de despejar. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, Lady Evelyn y Callender que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro.

©Harry Burton ©Instituto Griffith

Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: ¿Puede ver algo?. Sólo pude contestar…

Sí, cosas maravillosas

Los Colosos de Memnón

Situados a unos 1.300 metros al Este de Medinet Habu, los Colosos de Memnón son las dos gigantescas y famosísimas esculturas que antaño flanqueaban la entrada al monumental templo funerario de Amenofis III, construido éste por el hijo de Hapu.

Representación de los Colosos en la antigüedad

Los colosos fueron tallados, en dirección oriente, sobre dos bloques de cuarcita hecha traer de la “Montaña Roja” (Actual Gebel el-Ahmar, cerca de El Cairo). Su altura es de 16’6m de alto, sin contar con los 2’3m del zócalo.

Ambas representan al rey Amenofis III, sentado en posición tradicional. A ambos lados del trono (los laterales de éste están decorados con representaciones del Nilo Norte y Nilo Sur) hay dos figuras femeninas, la de la madre del rey (La reina Mutemauia) y la de Tiyi, su esposa.

Las Piedras que Cantan
En el año 27 a.C., un terremoto abrió en el coloso norte una grieta que le llegaba hasta la cintura. Éste hecho, determinó el fenómeno según el cual la estatua, al llegar el alba, cuando la piedra comenzaba a secarse de la humedad de la noche, emitía un sonido similar a la vibración de una cuerda de guitarra. Por dicho motivo, los Griegos, identificaron a éste con el Dios Memnón, considerando que, según la leyenda, saludaba de aquella forma a su madre la diosa Eos, la Aurora.

Esta leyenda, atrajo a un gran número de griegos y romanos, tales como la poetisa Julia Balbilla, que grabó cuatro epigramas a los pies de los colosos, en el viaje que acompañó a Adriano y a la emperatriz Sabina en la visita que hicieron a Egipto en el año 130.

Indicar que, desde el siglo III, éste fenómeno ha dejado de existir, ya que Septimio Severo ordenó la restauración del monumento, perdiendo de este modo “la voz”.

Colosos de Memnón | ©David Roberts

Crucero por el Río Nilo

El Nilo, quizá el cauce más importante en lo referido al nacimiento de las civilizaciones, con una longitud de 6853 km es el mayor río de África, y el segundo más grande del mundo, tras el Amazonas. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre nueve países —Burundi, Ruanda, Tanzania, Uganda, Kenia, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán y Egipto— hasta llegar al mar Mediterráneo.

Embarcarte en un crucero por el Nilo a su paso por Egipto, es una forma muy atractiva de descubrir las principales ciudades faraónicas, puesto que a lo largo de la rivera del rio, es donde podemos encontrar la mayoría de los lugares de interés histórico y cultural.

Nuestro recorrido por el Nilo comenzó tras poner fin al crucero por el lago Nasser. Travesía que dejó el listón muy alto.

Para iniciar la nueva aventura tomamos rumbo desde Aswan a Luxor en autobús, para una vez allí seguir el cauce del rio  haciendo las siguientes paradas: Colosos de Memón, Templo de Hatshepsut, Luxor, Karnak, Edfu, Kom Ombo, Philae y la pequeña isla de Kalabsha.
Al llegar a Aswan, cogimos un vuelo rumbo a El Cairo.

Y aunque tengas en la mente la idea de vivir una experiencia sublime,  romántica y mágica, debes conocer la sensación real, la que no capta las imagenes publicitarias. Una percepción que aunque no deja de ser especial, ni resta protagonismo a la vivencia, tiene ciertos matices, que a mi parecer son importantes conocer:

Masificación de turistas en las visitas. Los principales puntos de interés cultural reciben un número de turistas muy elevado (tal vez actualmente ha decaído esta cuantía por la actual situación política).

Es recomendable hacer visitas guiadas, con los pros y contras que esto conlleva de horarios exigentes, paradas en los comercios a los que te lleva el guía y tiempo limitado para hacer fotografías.

La atmósfera está muy contaminada. El gran número de barcos que recorren el Nilo, junto a la contaminación de las principales ciudades hace que el ambiente en cubierta sea un poco turbio. Nada que ver con el crucero por el lago Nasser.

Egipcio nadando en el Nilo

Una vez hecha esta introducción, vamos a conocer los lugares que visitamos a nuestro paso por el Nilo, intentando descubrir los enigmas de los faraones.

Colosos de Memón

Los colosos no parecen tan colosales; al contrario, se mantienen acordes con todo lo que los rodea, como si fueran del tamaño natural de los hombres, y nosotros fueramos los enanos, no ellos los gigantes.Florence Nightingale

La leyenda y el misterio envuelve desde hace siglos a este solitario monumento, creado durante el reinado de Amenhotep III. Etapa caracterizada por un gran esplendor.

Un terremoto provocó grietas y fracturas que sumados a los efectos del viento y a la dilatación por los cambios de temperaturas, provocaba que durante el alba se escucharan sonidos provinientes del gigante. Como si la gran mole pétrea tuviera el poder de hablar, quizás de llorar, recordando su plenitud pasada.

El fenómeno de estos sonidos fue lo que hizo que estos monumentos recibieran el nombre de Colosos de Memnón, curiosamente no relacionado con el antiguo Egipto, sino con un héroe de mitología griega, Memnón, rey de Etiopía, el cual llevó sus tropas hasta Troya para defender la ciudad. El monarca calló ante Aquiles y su madre, Eos, Diosa de la aurora, envió a los vientos a recoger el cadaver de su hijo. Dicen que sus lágrimas pueden verse cada mañana a los pies de su hijo bajo forma de gotas de rocio.

Gritos de lamento y lágrimas de tristeza han marcado la historia de estas grandes figuras, pacientes vigilantes del alba, cuando miles años después de ser levantados en honor al faraón Amenhotep III terminaron identificándose con la imagen mitológica de Memmón.

Templo de Hatshepsut 

A lo lejos ya se divisa la magnitud y belleza del templo más importante construido en Deir el Bahari y único en todo Egipto.

Este templo fue construido por la reina Hatshepsut en forma de terrazas, de grandes dimensiones y a diferentes niveles. Mitad excavado en la roca y mitad al exterior.

Pero que la suntuosidad del momento no eclipse tus sentidos, pues la picaresca en Egipto está siempre al acecho, apareciendo de la forma mas inesperada. Recorrer la distancia que te separa de la entrada al templo puedes hacerlo en unos carritos a los que suelen subir niños para vender artesanías. Pues bien, es posible que cuando pagues  por tu compra, los chiquillos bajen corriendo del transporte con el dinero, pero también quitándote la compra de las manos.


Pasarás de las ansias  por querer descubrir el templo, a la sorpresa por tal “dulce engaño” y de nuevo a la emoción al adentrarte en el macizo esculpido. Y es que Egipto es una montaña rusa de emociones.


Como en todos los templos Egipcios, sus gravados hablan y nos cuentan historias. Destaca la decoración en relieves que representan barcazas construidas para transportar los obeliscos desde Asuán al gran templo de Amón en Karnak y escenas de caza y pesca. También aparecen escenas del nacimiento, educación y coronación de la reina y una expedición comercial por mar hasta el país de Punt junto con la procesión de vuelta al templo de Amón.

Valle de los Reyes

Ésta necrópolis de faraones del Nuevo Imperio adopta forma de laberínticas montañas peinadas por caminos y túneles que te adentran al entresijo de cavidades excavadas en piedra donde aguardan los sarcófagos egipcios, rebosantes de riquezas antes de su saqueo o traslado a museos.

La entrada nos incluía el acceso a tres tumbas a elegir, a excepción de la de Tutankhamon, la cual requiere una entrada especial y la de Seti I, que actualmente no puede ser visitada. No obstante, la tumba de Tutankhamon, a pesar de ser uno de los faraones más populares, no es de las más espectaculares, ya que además de ser muy pequeña, está vacía, pues los objetos encontrados están expuestos en el museo del Cairo.

A pesar de la masificación de turismo en el lugar, nuestro guía iba gestionando los tiempos de tal forma que aprovechaba los momentos claves de “vacío turístico” para visitar la zona, evitando la marea humana, adelantándose o atrasándose en el tiempo a la multitud. Todo un acierto.

Una de las excavaciones más imponentes es la Thutmes III. Solo contemplar el plano te deja maravillado por la complejidad de la obra, teniendo en cuenta la dificultad de trasladar el boceto al interior de la roca.

Ascender entre los dos muros pétreos que han protegido durante siglos el descanso sagrado de los faraones, a un paso de adentrarte en su misterio, es una sensación que deja huella.

En el interior, un estrecho túnel te van conduciendo a las cámaras funerarias donde aguardan impasibles al paso del tiempo los milenarios sarcófagos.

¡Visita obligada! Siempre y cuando no te agobien los espacios pequeños y cerrados.

Templos de Karnak y Luxor

Llegamos al lugar más visitado de Egipto, después de las pirámides de Giza del Cairo.

En el margen derecho del Nilo, se encuentra Karnak y Luxor, dos poblaciones casi anexas, que forman el complejo de templos egipcios más grande de Egipto. Lugar de culto a los dioses Amón Ra, Montu, Ptah, Khonsu, Montu y Mut .

La Avenida de las Esfinges unía los 2,5 km. entre el templo de Luxor y el de Karnak. Actualmente solo quedan 33 esfinges en la fila del lado sur y 19 en la del norte, algunas muy deterioradas.

La magnitud del templo, de las columnas, de los dioses tallados en roca, de los obeliscos, es tan grandioso como lo fue esta antigua civilización.

Como dato curioso, de los dos obeliscos que se alzaban al cielo, en el templo de Luxor, solo queda uno. El otro fue llevado a París, tras ser ofrecido al rey Carlos X de Francia. Actualmente podemos verlo, en la Plaza de la Concordia. Unos dicen que en 1830 Francia compró este obelisco al gobernador Mohammed Ali, y otros cuentan que fue regalado a cambio de un reloj  que nunca funcionó.

Templo de Edfu (Horus)

El templo de Edfú, dedicado al dios halcón Horus, es el templo mejor conservado de Egipto y el más importante después del de Karnak. Representa la típica construcción de los templos con el pilono, el patio, dos salas hipóstilas, una cámara de ofrendas, la sala central y el santuario.

En una de sus salas te sorprenderá encontrarar en perfecto estado de conservación la barca sagrada, barco fluvial utilizado como medio de transporte en los funerales y rituales religiosos.

Templo de Kom Ombo

El templo de Kom Ombo es de los más famosos por ser completamente simétrico, ya que cuenta con dos entradas y dos salas hipóstolas. Esto es debido a que rinde culto a dos Dioses, cuya historia no tiene desperdicio.

Cuentan que Sobek, Dios con forma de cocodrilo fue divinizado por ser éste un animal que abunda en la zona. Pero a los habitantes del lugar no les era de su agrado ser asociados a un dios que representa el mal, y por ese motivo, ofrecieron culto a otro Dios, Horus, como hermano del primero y socio en el culto del templo.

Actualmente el estado de destrucción en el que se encuentra este templo, da continuidad al mito y leyenda de su historia, pues cuentan que el hermano malvado con forma de cocodrilo, quería destruir y echar del templo al Dios Halcón. El pueblo al ver partir a Horus, también se fue, quedando la zona inhóspita. La furia de Sobek al ver desértico su pueblo hizo resucitar a los muertos, quienes en lugar de sembrar trigo, cultivaban arena y en lugar de construir, destruían el templo.

Una leyenda que sigue viva, al ser de los templos en peor estado de conservación.


Muy cerca puedes encontrar el museo del cocodrilo donde estos animales “viven” eternamente momificados.

Templo de Philae

En la visita a este templo, cansados de excursiones guiadas y después de hacer parada en una fábrica de papiros (muy interesante) y una joyería (de precios muy elevados), emanó nuestro espíritu aventurero y decidimos ir por nuestra cuenta contratando un taxi. Me impactó el tono serio y contundente en el que nuestro guía se dirigió al taxista mientras anotaba la matricula del vehículo. Entiendo que por motivos de seguridad.

Tras una conducción caótica, sin respeto a ninguna norma de tráfico conocida por nosotros, pero compartida por todos los conductores egipcios, llegamos al embarcadero. Tras un breve y agradable paseo llegamos a uno de los templos más bonitos de Egipto.

Su entorno lo hacen único. El azul del cielo y del rio se funde en uno.  Los tonos verdes, rojos y rosas de las plantas aportan vida al pétreo color de su construcción.

Las ventanas de piedra adornadas con inscripciones milenarias se convierten el lugar ideal para pararte unos minutos a contemplar unas vistas únicas en el mundo.

Templo de Kalabsha

Alzándose en un lugar privilegiado, en La pequeña isla de Nueva Kalabsha, al sur de la gran presa de Aswan, es probablemente uno de los exponentes principales de la arquitectura en Nubia, construido con ladrillos de arena, durante el período de Cesar Augusto. Consagrado a Isis, Osiris y Horus-Mandulis.

Aunque este emplazamiento no es el originario pues, como otros templos, fue reubicado para protegerlo de la crecida del cauce del lago Nasser, originado por la construcción de la presa de Aswan.

Al sur del templo principal de Kalabsha se encuentra el Kiosco romano de Qertassi. Considerado el lugar simbólico de nacimiento de los dioses. Destacan las dos bellas columnas de Hathor ubicadas a la entrada.

Tal vez, sorprendentemente, sea el gran templo menos visitado de Egipto, por su ubicación, pero de gran belleza e interés en la historia de Egipto. Un lugar en el que merece la pena perderte.

Otras Actividades 

Como podrás imaginar, para poder visitar tantos lugares, el ritmo es frenético y los horarios muy exigentes. A veces las explicaciones del guía, o no las escuchas, o se solapan en tu mente, confundiendo Dioses, templos y leyendas. Así que, en alguna ocasión es necesario bajar el ritmo.

Una visita apasionante, que hicimos a nuestro ritmo, fue recorrer las calles de un mercado Egipcio, caracterizado por el aroma de sus especias, los multicolores de túnicas, alfombras y papiros, entre artesanías y objetos típicos. Atractivo lugar, pero no relajante, pues la insistencia de sus vendedores resulta extasiante.

Pero sin duda, uno de los momentos más divertidos fue la fiesta que nos sorprendió en nuestro barco. Y digo, que nos sorprendió porque el guía no te avisa de este evento, pues al mismo tiempo te ofrece un paseo por las calles de la ciudad en un tradicional carruaje (la fiesta es gratuita, y con la otra actividad llevan más beneficio).

Recuerdo caer en una risa tan profunda que cubrió de lágrimas mi rostro, de una forma inevitablemente contagiosa que se extendía entre todos los allí presentes.

Música de tambores, bailes, y actuaciones que nos hacían participar y compartir carcajadas a todos los que decidimos quedarnos esta noche a “descansar”. Sin duda fue la mejor terapia para relajarnos de este agotador viaje.

Travel is more than seeing the world. Its seeing the world in a new way.Mark Amend