Noches Blancas

Las Noches Blancas celebradas cada verano en el parque natural de Calblanque, son ya una tradición en la Costa Murciana.

El restaurante “La Cala”, perteneciente al complejo “La Manga Club”, lleva de entre las rocas a pie de playa los sabores de su cocina Mediterránea en una puesta en escena exquisita.

Este evento, que tiene lugar exclusivamente una noche en el mes de julio y otra en agosto, se convierte en una agradable velada, en la cual sólo la ambientación del enclave ya  merece la pena.

La recóndita Cala del Barco, además de su belleza, tal vez posea uno de los mejores regalos que la naturaleza nos puede ofrecer para poder disfrutar de todo su atractivo, haciendo pausa en la vorágine del remolino impetuoso cotidiano: la falta de cobertura.

Pero a pesar de su solitaria ubicación, el acceso a la misma no es nada complicado, pues con las coordenadas en el GPS (Ver ubicación al final del post) se llega sin dificultad, teniendo la posibilidad de dejar el vehículo en un aparcamiento gratuito.

A partir de las 20:30 horas comienza el evento, aprovechando así los últimos rayos de sol antes de su puesta. Nada más llegar, el reloj se detiene, sin echarlo de menos en toda la noche. Y es que lo único que deseamos es ¡qué se pare el tiempo!, ¡qué se pare!

El sonido de la bravura del mar, nos devuelve la cordura que por unos momentos nos ha robado, pudiendo contemplar desde el borde del acantilado todos los detalles del escenario de lo que parece va a ser una noche mágica.

¡Y qué paradoja…! Por unos segundos aparece la prisa, esa sensación que habíamos dejado olvidada en el aparcamiento. Es la impaciencia, la premura por explorar cuanto antes cada detalle.

La bajada es espectacular. Una escalinata de roca nos facilita la bajada a la cala. Por el camino vemos entre la vegetación el Restaurante “La Cala” y a varios comensales disfrutando de su terraza.

Por fin, ponemos los pies sobre la arena. Entre antorchas, una larga alfombra celeste nos abre paso hacia una calurosa bienvenida. Comenzamos agradando al paladar con la primera copa de cava. Al alzar la vista contemplamos junto al mar un decorado, un  photocall, donde poder disfrutar de la fotografía en cualquier momento de la noche. No falta detalle.

Sin restar protagonismo al azul del mar, la tonalidad predominante, es el blanco, pues todos los asistentes vamos con este color en nuestro atuendo, como así lo marca el acertado dress code. Tonalidad que además de otros significados, simboliza pureza, paz, humildad, amor, elegancia, poder…Un color que más allá de significación aporta una luz especial a las noches de verano.

Las mesas aportan ese punto alegre y jocoso con sus coloridos manteles, en contrapunto al romanticismo de la cuidada decoración de luces y velas led. En cada mesa, ocho comensales disfrutarán a pocos metros del mar de un buffet sabroso y variado.


Al finalizar la cena, muchos asistentes se acercan al escenario para tomar unas copas y bailar.

Nosotros preferimos seguir disfrutando del momento, de la calma, de las vistas…mientras degustamos unos combinados con la compañía de grandes amigos en presencia del gran anfitrión de la velada, el mar, el cual rompe su fiereza a pocos metros de nuestros pies. Es excelente como entre la oscuridad, el alumbrado del evento facilita que podamos contemplarlo iluminado a la perfección, destacando los colores, sin duda protagonistas de la noche: el blanco y el azul. Una vez mas, todo un acierto centrado en los detalles.

Sin poder decir la hora de finalización, intuimos que no muy entrada la madrugada, la fiesta va llegando a su fin. Parece que no hemos conseguido pausar el tiempo, aunque sí no estar pendientes de él para disfrutar al máximo de esta noche blanca, de esta noche mágica.

La felicidad se respira al pie del mar.

Ruta a Isla de los Ciervos

Navegamos a paso relajado en un catamarán sobre las cristalinas aguas del Índico en un mar tan en calma como el espíritu de la isla. Bordeamos la costa dejando atrás un paisaje frondoso de vegetación entre el que destacan las instalaciones de los resort  de lujo, para  llegar a una de las islas más bonitas de Mauricio, Isla de los Ciervos.

El trayecto en sí es una experiencia fabulosa. La simpatía de los patrones del catamarán se hace notar desde el primer momento. Desnudamos nuestros pies, subimos a cubierta y empezamos a disfrutar al máximo de un día de ruta inolvidable. La música comienza a sonar, el ron mauriciano a endulzar el momento y el lienzo de este idílico paisaje pinta de color nuestros recuerdos en una amplia paleta de tonalidades verde azuladas y turquesas, indescriptibles. Hacemos parada para subir a una lancha y llegar hasta unas pequeñas cataratas que hay por el trayecto. Un salto de agua pequeño pero muy bonito por el entorno que lo rodea. No pudimos acercarnos mucho por la multitud de lanchas haciendo cola para hacerse la foto a pie de catarata. No importa, lo más importante no es la mejor captura de imagen, sino vivir y disfrutar al máximo la experiencia  y …¡a eso no hay quien nos gane! Volvemos al catamarán y mientras la música continúa divirtiéndonos, empezamos a abrir boca con algunos snack y bebidas a elegir (refrescos, agua, ron, vino…). El ambiente es tan agradable que sin darnos cuenta llega la hora de la comida. Una barbacoa de carne y pescado variada, acompañada de ensalada y arroz blanco. Y por fin llegamos a destino. En la isla se pueden hacer numerosas actividades acuáticas como snorkel o volar en parasailing. También se pueden encontrar bares, restaurantes y tiendas con artículos de playa. Un dato a tener en cuenta es que las tumbonas no son públicas, pertenecen a un hotel. La imagen más espectacular por la que se conoce el lugar se consigue vista aérea, desde la arena la perspectiva es diferente sin dejar de ser espectacular. Una pequeña laguna separa las dos isletas a través de la cual puedes cruzar fácilmente de una a otra, pero llevad cuidado que la pequeña corriente o el efecto del ron puede haceros perder la estabilidad, jejeje. No hay peligro pues en esa zona no hay profundidad. Nosotros optamos por disfrutar de su paradisiaca playa, pues el tiempo que estamos en la isla no es excesivo. Así que caminamos hacia un lugar un poco más solitario para evitar la multitud y tener nuestro momento de intimidad en una de las islas más bonitas del mundo, ¡Qué privilegio! No habíamos caminado mucho cuando encontramos el lugar perfecto para pausar el tiempo y disfrutar del paisaje. Sobre la fina y extensa arena encontramos un punto donde había roca volcánica. Aquí nos paramos pues nos pareció precioso el contraste del materiales y colores de la naturaleza: el negro azabache de la roca volcánica, el dorado de la arena  fundiéndose con unos puros e intensos azules.  A nuestras espaldas  una vasta vegetación de pinares por entre los que en otras épocas, vivían numerosos ciervos que, aunque ya extintos, dan nombre a esta isla. El oleaje nos regaló estrellas, erizos de mar y algunos restos de coral, los más grandes y bonitos que vimos en toda la isla. Un excelente regalo para culminar un día lleno de risas, complicidad entre nosotros y con la naturaleza. Un sin fin de emociones.

Lo que nos hace sentir perdura más allá de la memoria.

Isla Mauricio

Todavía existen lugares en los que percibes la sensación de que es la naturaleza, y no el hombre, la que ha modelado el planeta. Isla Mauricio, es uno de ellos.

De origen volcánico, esta privilegiada extensión de tierra se dilata sin exceder en dimensiones, para la comodidad del viajero, entre las cristalinas y coralinas aguas del Océano Índico. Vecina de Madagascar, forma junto a Reunión, Rodríguez, las Islas Agaleña y el banco de Cargados Carajos, las conocidas Islas Mascareñas. Y a pesar de que las islas se encuentran bastante separadas entre sí, se las considera un arquipiélago, debido a su geología e historia en común.

Lago dentro del crater rodeado de vegetación

Pero tal vez, pese a las similitudes, Mauricio tiene detalles especiales que la diferencia del resto de islas y por qué no decirlo, también del planeta, conviertiéndose en un lugar exclusivo para aquellos viajeros que sin buscarlo descubren algo más que una paradisiaca isla de clima tropical.

Ir más allá de lo imaginado, es tan fácil como dejarse llevar por la belleza de sus paisajes, por la sonrisa de sus gentes, pero también por el poder de la imaginación, pues es el lugar perfecto para fantasear cuando la invención puede confundirse con la realidad o cuando la realidad supera cualquier ilusión.

Ilusión óptica de cascadas subterráneas

Y es que esta isla africana bien podría ser el maravilloso mundo descrito por Julio Verne en su célebre novela “La Isla Misteriosa”. Elementos no le faltan: ilusorias cascadas marítimas cuyas corrientes parecen engullir el mar a lo más profundo del maravilloso océano; fantásticos animales como el dodo, aunque ya extinguidos, únicos e irrepetibles en ninguna otra parte del planeta; volcanes de los que en vez de lava fluye una cascada de agua de belleza inigualable; jardines botánicos donde sus árboles “sangran”; tierras de siete colores, y tierras de hasta veintitrés tonalidades. ¡Hasta estudios científicos han demostrado que bajo su superficie existe un continente perdido! El cual sería parte del súper continente Gondwana (lo que hoy es África, Sudamérica, la Antártida, India y Australia).

Origenes, descubrimiento e historia de Isla Mauricio.

No es posible comprender la esencia de la isla más multicultural del Océano Índico, sin hacer esta breve mirada al pasado. Podríamos datar el descubrimiento de la isla, aunque no su colonización, en el siglo XV, cuando llegaron a sus costas marineros árabes y malasios.

Resquicio de tierra virgen tal y como era la isla antes de la llegada del hombre

Por aquellos entonces, en la belleza tropical y salvaje de la isla, convivían en la más relajada intimidad, una riquísima diversidad de fauna, como los gansos de Mauricio, el loro cuervo, que tenía el rostro deformado por una especie de verruga, el rascón rojo, una especie de grulla y por supuesto el dodo, auténtico icono de la isla, gracias a que Lewis Carrol lo inmortalizó en su exitosa novela Alicia en el País de las Maravillas. -(Datos extraídos tras la aparición de un diario escrito en el S.XVII por el soldado holandés Johannes Pretorius)-

Dodo en Alicia en el País de las Maravillas

El texto de Pretorius describe a estos animales como muy dóciles, los cuales no huían ante la presencia de los humanos, lo que los convirtió en el alimento de los primeros colonos, los holandeses, llegando a su extinción.

Es en esta época, cuando se introduce el cultivo de la caña de azúcar, tan importante desde sus orígenes, hasta la actualidad. Pese a todo, la isla no fue una colonia próspera y fue abandonada.

Chateau de Labourdonnais. Edificio colonial rodeado de plantación de caña de azúcar.

No tardaron en llegar nuevos colonos, pues tan solo cinco años más tarde se asentó la Compañía Francesa de las Indias Orientales, utilizando la isla como centro de intercambios comerciales. Es en esta época cuando es tomada, tristemente, como punto para la importación de esclavos.

Coincidiendo con las guerras napoleónicas, a comienzos del siglo XIX, la isla pasa a manos de la corona británica en 1810. La nueva soberanía permitió a los franco-mauricianos conservar su lengua, su religión y su sistema legal de corte napoleónico. Y por supuesto continuó con el cultivo de la caña de azúcar, principal fuente de ingresos en la isla.

Los esclavos se escondían en la montaña de Le Morne, al fondo.

En 1835 llegó por fin la abolición de la esclavitud. Los esclavos constituían el 70 por ciento de la población, por lo que al liberarse se desencadena una crisis laboral y económica, por falta de mano de obra. Para solucionarlo, los terratenientes deciden introducir en la isla trabajadores procedentes de China, pero sobre todo de India.

Sega, baile africano que celebra el fin de la esclavitud

Actualidad

En la actualidad, los descendientes de aquellos trabajadores que llegaron contratados a la isla, forman la mayor parte de la población mauriciana.

Lago Sagrado Hindú

No es hasta el 12 de Marzo de 1992 cuando por fin se proclama como República Democrática Independiente. Aunque la mayor parte de la población es hindú, conviven ciudadanos de diferentes descendencias. De India, África (principalmente de Madagascar), Francia, Inglaterra, China y otros lugares.

Templo Tamil

Por todo ello, no es difícil ni resulta extraño encontrar edificios con arquitecturas tan diferentes en colores y diseños como dispares sus simbolismos: pagodas chinas, templos hindúes y tamiles, mezquitas, iglesias católicas, y edificios coloniales.

Iglesia Católica

Si a estas alturas no has caído cautivado ante tanta variedad cromática de belleza multicultural, serán los colores del Índico los que te hechizarán. La bravura del oleaje, que azota con fuerza por los continuos vientos del océano, es adormecida cuando choca contra el arrecife de coral que rodea y protege toda la isla. De esta forma en la línea de costa queda una “laguna” serena, de tonalidades indescriptibles que se renuevan ante cada parpadeo y se intensifican poderosamente con los rayos del sol.

Isla de los Ciervos

O tal vez lo que te deje sin palabras sea su exuberante naturaleza de volcanes infinitos, abruptas montañas, tierras de múltiples colores, frondosa y variada vegetación y algunas especies de animales únicas (características del sur de África) como las tortugas gigantes.

Tortuga Gigante

Todo ello es isla Mauricio, la sencillez de un conglomerado de mundos paralelos, tan diferentes entre sí como complementarios, que le dan carácter a esta joya del índico.

Nuestra experiencia

Para desnudar la isla ante nuestros ojos, realizamos tres rutas que, al menos las dos primeras, consideramos básicas y que desarrollaremos próximamente.

También hablaremos sobre datos de interés de la isla, otras excursiones interesantes, restaurantes, moda, el hotel y sobre las mejores zonas en las que hospedarse en función de la época del año en la que se visite la isla.

¡No dejes nada al azar!

Dios creó primero Mauricio y después el cielo.Mark Twain

Hotel Grand Palladium

El hotel Grand Palladium Resort & Spa, está ubicado en el estado de Quintana Roo, en la afamada costa caribeña de Rivera Maya. Privilegiada situación a tan sólo 30 minutos de Playa del Carmen y de Tulum.

Al igual que otros complejos de similares características está literalmente entre la selva.

Exuberantes jardines de vegetación tropical, lagos navegables, senderos ecológicos que abren paso entre manglares, y una larga playa de 800 m de extensión de arena blanca y aguas turquesas son sus principales caraterísticas.

El complejo ofrece:

– 252 Habitaciones Estándar, 130 Junior Suites, 32 Mayan Suites y 6 Master Suites
– 9 Restaurantes temáticos a la carta con una amplia variedad de gastronomía. En los cuales puedes disfrutar del todo incluido.
– 5 Restaurantes buffet y otros servicios gastronómicos al aire libre.
– 25 Bares distribuidos por el complejo.
– 7 Piscinas de agua dulce.
– Centro de Spa & Wellness
– Salas para eventos y congresos
Discoteca Sunset Boulevard para adultos
Baby Club para niños de 1 a 3 años, Palladium Mini Club para niños de 4 a 12 años y Black & White Junior’s Club para adolescentes (13-19 años).

Dentro del mismo resort, puedes elegir entre 5 hoteles, de diferente categoría.

  • Grand Palladium Colonial.
  • Grand Palladium Katenah.
  • Grand Palladium Riviera.
  • Grand Palladium White Sand.
  • Grand Palladium Royal Suite Yucatán

Y aunque puedes pasear y disfrutar de los servicios de todas las zonas, el Royal Suite Yucatán goza de mayor privacidad y servicios exclusivos.

Nuestra elección fue el hotel Katenah. Habitación Junior Suite en una tercera planta, en una villa muy cerca de la playa.

El complejo es gigantesco. Puedes desplazarte en unos carritos que recorren las instalaciones o pasear tranquilamente entre sus pasarelas de madera contemplando la vegetación y la fauna salvaje, acostumbrada al transitar de turistas: cocodrilos, flamencos, iguanas, tortugas…

Uno de los espacios con mayor atractivo es el Spa. Remanso de paz decorado al más puro estilo maya.

Tras dejar las pertenencias en las taquillas, antes de realizar el recorrido por circuito de hidroterapia, puedes refrescarte con una tradicional agua de Jamaica, la cual además de deliciosa y relajante, posee infinitas propiedades muy beneficiosas para el organismo.

Tras una primera ducha entramos a la sauna, y aunque la primera sensación puede resultar agobiante por la alta temperatura, le acabas cogiendo el gusto.

El recorrido a la vez de relajante es muy divertido. O al menos así lo viví yo, entremezclando risas contenidas para no romper la quietud del silencio que envuelve el lugar con la impaciencia por descubrir cada una de sus estaciones: Jacuzzi, sauna (seca y húmeda), baños de vapor, hidromasaje, cascadas, piscinas…

Consta de dos zonas, una interior,  y otra exterior a la que accedes desde las serpenteantes aguas de la piscina.

El entorno perfecto, muy cuidado.

Un espacio ideal para retomar aliento después de los agotadores días de rutas descubriendo los tesoros de la península de Yukatán.

Al borde de la piscina hay un bar donde se puede disfrutar de una amplia carta de bebidas naturales, energéticas, depurativas, relajantes…

También existe la posibilidad de utilizar el gimnasio, contratar diferentes tipos de masajes y terapias (suecos, deportivos, reflexología,  masajes en pareja, etc), así como solicitar los servicios de su peluquería unisex.

La extensa, cálida y turquesa playa, resguardada en toda su extensión por exóticas palmeras, entre las que puedes relajarte al vaivén de una tradicional hamaca caribeña, tal vez sea una de las imágenes publicitarias más potentes del hotel, y la primera que te viene a la mente cuando hablamos de vacaciones en Rivera Maya.

Realmente es una imagen paradisiaca, aunque puede tener ciertos matices. El entorno es especial, si bien la playa aunque no puedo ponerle pegas, no es de lo más notorio. Con esto no quiero desmerecer lo que a simple vista destaca, pero mi opinión es que hay otras playas con un encanto especial, alejadas de hoteles y excursiones guiadas, como Boca Paila, la cual me pareció un paraíso terrenal.

Así que aunque puedas pasar divertidos momentos tomando un cóctel, y dos y tres…merece la pena descubrir otros lugares de la zona. Si hablamos de playas, no todas las que visitamos me resultaron atractivas, por ello te recomiendo ser selectivo en función de tus intereses y gustos para no llevarte una desilusión.

Las instalaciones son todas excelentes. Bares junto al mar,  hamacas entre palmeras, tumbonas y camas balinesas. Estas últimas, solo para huéspedes del Royal Suite.

Las piscinas también son punto de encuentro de momentos divertidos. Recuerdo especialmente una degustación de chupitos de tequila mexicanos, donde además de saborear al trago su bebida más típica, las risas están garantizadas.

La animación en el hotel es constante, sobresaliendo la simpatía y profesionalidad del equipo encargado de la programación de entretenimiento. Encontrarás actividades muy variadas a lo largo de toda la estancia y en cualquier momento del día.

La oferta gastronómica es amplia. Correcta y variada. Aunque para degustar sabores mexicanos caseros, puros y auténticos hay que visitar los lugares en los que comen los aldeanos. ¡No hay mejor experiencia!

Además del buffet, aunque no todos, probamos varios de sus restaurantes temáticos: Sumptuori (restaurante japonés) La Adelita (restaurante mexicano) y Punta Emilia (restaurante especializado en arroces, pescado y marisco).

Sin duda alguna destaco la magia del restaurante Punta Emilia. No puedes venirte de Mexico sin tener una cena romántica a los pies del Mar Caribe.

Un marco inigualable, en el que a pesar de ser un  restaurante, lo que menos recordarás es la comida.

Y si la exclusiva oscuridad de la noche es alumbrada por las estrellas, no lo dudes y pide un deseo…

Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo. Filósofo Griego