Ruta a Isla de los Ciervos

Selema

Navegamos a paso relajado en un catamarán sobre las cristalinas aguas del Índico en un mar tan en calma como el espíritu de la isla. Bordeamos la costa dejando atrás un paisaje frondoso de vegetación entre el que destacan las instalaciones de los resort  de lujo, para  llegar a una de las islas más bonitas de Mauricio, Isla de los Ciervos.

El trayecto en sí es una experiencia fabulosa. La simpatía de los patrones del catamarán se hace notar desde el primer momento. Desnudamos nuestros pies, subimos a cubierta y empezamos a disfrutar al máximo de un día de ruta inolvidable. La música comienza a sonar, el ron mauriciano a endulzar el momento y el lienzo de este idílico paisaje pinta de color nuestros recuerdos en una amplia paleta de tonalidades verde azuladas y turquesas, indescriptibles. Hacemos parada para subir a una lancha y llegar hasta unas pequeñas cataratas que hay por el trayecto. Un salto de agua pequeño pero muy bonito por el entorno que lo rodea. No pudimos acercarnos mucho por la multitud de lanchas haciendo cola para hacerse la foto a pie de catarata. No importa, lo más importante no es la mejor captura de imagen, sino vivir y disfrutar al máximo la experiencia  y …¡a eso no hay quien nos gane! Volvemos al catamarán y mientras la música continúa divirtiéndonos, empezamos a abrir boca con algunos snack y bebidas a elegir (refrescos, agua, ron, vino…). El ambiente es tan agradable que sin darnos cuenta llega la hora de la comida. Una barbacoa de carne y pescado variada, acompañada de ensalada y arroz blanco. Y por fin llegamos a destino. En la isla se pueden hacer numerosas actividades acuáticas como snorkel o volar en parasailing. También se pueden encontrar bares, restaurantes y tiendas con artículos de playa. Un dato a tener en cuenta es que las tumbonas no son públicas, pertenecen a un hotel. La imagen más espectacular por la que se conoce el lugar se consigue vista aérea, desde la arena la perspectiva es diferente sin dejar de ser espectacular. Una pequeña laguna separa las dos isletas a través de la cual puedes cruzar fácilmente de una a otra, pero llevad cuidado que la pequeña corriente o el efecto del ron puede haceros perder la estabilidad, jejeje. No hay peligro pues en esa zona no hay profundidad. Nosotros optamos por disfrutar de su paradisiaca playa, pues el tiempo que estamos en la isla no es excesivo. Así que caminamos hacia un lugar un poco más solitario para evitar la multitud y tener nuestro momento de intimidad en una de las islas más bonitas del mundo, ¡Qué privilegio! No habíamos caminado mucho cuando encontramos el lugar perfecto para pausar el tiempo y disfrutar del paisaje. Sobre la fina y extensa arena encontramos un punto donde había roca volcánica. Aquí nos paramos pues nos pareció precioso el contraste del materiales y colores de la naturaleza: el negro azabache de la roca volcánica, el dorado de la arena  fundiéndose con unos puros e intensos azules.  A nuestras espaldas  una vasta vegetación de pinares por entre los que en otras épocas, vivían numerosos ciervos que, aunque ya extintos, dan nombre a esta isla. El oleaje nos regaló estrellas, erizos de mar y algunos restos de coral, los más grandes y bonitos que vimos en toda la isla. Un excelente regalo para culminar un día lleno de risas, complicidad entre nosotros y con la naturaleza. Un sin fin de emociones.

Lo que nos hace sentir perdura más allá de la memoria.

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